En la gestión de flotas, cada litro de combustible y cada hora de uso del vehículo impactan directamente en la cuenta de resultados. Uno de los factores más invisibles —pero más costosos— es el tiempo que el motor permanece encendido sin que el vehículo esté en movimiento. Controlar el ralentí no solo mejora la eficiencia operativa, sino que también reduce costes, averías y emisiones.
Desde el punto de vista técnico, estar en ralentí significa que el motor funciona a las revoluciones mínimas necesarias para no calarse mientras el vehículo está detenido. Es decir, el motor está encendido, consume combustible y genera emisiones, aunque el vehículo no avance.
¿Qué significa estar en ralentí?
La forma adecuada en español es ralentí, con tilde en la “í”. Aunque es habitual verlo escrito como “ralenti”, esta forma no es la correcta. En el ámbito técnico y profesional también se emplean términos como marcha lenta o ralentización, aunque no se suelen usar de forma habitual. En la gestión de flotas, todos ellos hacen referencia al mismo fenómeno: motor encendido sin desplazamiento efectivo.
Ralentí inestable: ¿cómo saber si el ralentí no funciona adecuadamente?
Un ralentí inestable no solo incrementa el consumo, sino que puede ser indicio de una avería incipiente. Algunos de los síntomas más comunes de que el ralentí no se está realizando de la forma adecuada son:
- Oscilaciones en la aguja de las revoluciones.
- Vibraciones inusuales en cabina.
- Ruidos intermitentes o sensación de que el motor “casi se cala”.
Detectar estos indicios a tiempo evita reparaciones mayores y tiempos de inactividad no planificados.
Ralentí en vehículos diésel y de gasolina
En cuanto a las causas de estos síntomas, son variadas y difieren de los vehículos diésel y de gasolina. El motor diésel suele trabajar a menos revoluciones en ralentí y es más eficiente en consumo, pero es más sensible a la acumulación de residuos en usos urbanos. El motor gasolina, por su parte, alcanza un régimen de ralentí ligeramente superior y puede mostrar antes síntomas relacionados con encendido o admisión.
Las causas frecuentes de errores en el ralentí en vehículos diésel son los inyectores sucios u obstruidos, fallos o suciedad en la válvula EGR o saturación del filtro de partículas (DPF). Estos componentes son especialmente sensibles en flotas que realizan trayectos urbanos cortos con frecuentes paradas.
En los motores de gasolina, las causas más comunes son el desgaste de las bujías, suciedad en el cuerpo de mariposa o tomas de aire no controladas en el sistema de admisión.
Para el gestor de flotas, entender estas diferencias permite anticipar mantenimientos según el tipo de vehículo y su uso operativo.
El coste oculto del ralentí excesivo
El ralentí no es neutro: tiene un impacto económico y medioambiental directo. Evitarlo, puede suponer un ahorro importantísimo para las flotas. Por ejemplo, un coche al ralentí consume entre 0,5 y 1 litro de combustible por hora. Un vehículo industrial puede consumir 3 o 4 litros. Multiplicado por días, semanas y años, el impacto es considerable.
Es decir, si un camión pierde 2 horas al día en ralentí y estimamos un coste aproximado de combustible más el desgaste equivalente a unos 8 € diarios, hablamos de cerca de 2.000 € al año por vehículo. En una flota de 50 camiones, el coste potencial supera los 100.000 € anuales. Una cifra que ningún gestor de flotas puede ignorar.
Además, un ralentí prolongado favorece la acumulación de residuos, aumenta el desgaste del motor e incrementa la probabilidad de averías relacionadas con EGR y DPF, lo que se traduce en más visitas al taller y menor disponibilidad de la flota.
Por último, un motor al ralentí sigue emitiendo CO₂ y otros contaminantes. En un contexto de normativas cada vez más exigentes y políticas de sostenibilidad empresarial, reducir el ralentí es una acción directa para disminuir la huella de carbono.
Situaciones de ralentí: ¿cuáles son evitables?
Obviamente, no todas las situaciones son iguales y no siempre se puede evitar el ralentí. El ralentí que forma parte de una conducción normal es difícil de eliminar. Por ejemplo, el provocado en atascos, semáforos o retenciones puntuales.
Sin embargo, el ralentí que sí que se puede evitar es el relacionado con procesos de carga y descarga con el motor encendido, los descansos con climatización activa o las esperas innecesarias en base o en clientes.
Sea como sea, existe una regla de oro en el ralentí: si el vehículo va a estar parado más de 1 minuto, se debe apagar el motor. Esta sencilla norma, acompañada de formación y seguimiento, puede generar ahorros inmediatos.
Cómo reducir el tiempo en ralentí con Webfleet
La tecnología es el mejor aliado para controlar el ralentí de forma objetiva y continua. A través de una solución avanzada de gestión de flotas, el ralentí deja de depender únicamente de la concienciación del conductor y pasa a basarse en datos precisos y accionables:
- Monitorización de tiempos muertos. Las soluciones de gestión de flotas como la de Webfleet permiten identificar con exactitud cuánto tiempo pasa cada vehículo al ralentí y analizar patrones por conductor, ruta o tipo de servicio. Esta visibilidad facilita detectar problemas, establecer estándares internos y priorizar acciones de formación
- Alertas en tiempo real. Es posible configurar alertas automáticas que notifiquen al gestor de flotas cuando se supera un umbral determinado de ralentí, o incluso que avisen directamente al conductor para que apague el motor. De este modo, el dato no se queda en un informe histórico, sino que se convierte en una intervención inmediata capaz de reducir costes en el mismo momento en que se producen.
- Informes de rendimiento. Los informes periódicos permiten comparar conductores, establecer objetivos de mejora e incentivar la conducción eficiente mediante programas internos. La transparencia en los datos favorece una cultura de responsabilidad, alineando a conductores y gestores de flotas con los objetivos de rentabilidad.
El ralentí es uno de los costes silenciosos más relevantes en la gestión de flotas y, al mismo tiempo, uno de los más fáciles de optimizar cuando se mide correctamente. Reducirlo se traduce en menos gasto en combustible, menos averías asociadas a un ralentí inestable y mayor disponibilidad de los vehículos.
Además, la disminución del tiempo de motor encendido sin movimiento contribuye directamente a la reducción de emisiones y al cumplimiento de los compromisos de sostenibilidad corporativa. Para los gestores de flotas, actuar sobre el ralentí no es una cuestión técnica menor, sino una decisión estratégica con impacto directo en la rentabilidad, la eficiencia operativa y la competitividad de la empresa.






